Susana Parejas

Periodista – Editora

Martín Bossi “Actué para que me quieran”

Gustavo Pascaner

Lidera la taquilla de la calle Corrientes y en octubre estrena su primer protagónico en cine. A poco de cumplir 40, quiere alejarse de las imitaciones y habla de su desmesurada necesidad de afecto y de su sexualidad: “La gente no se banca no saber”.

La platea ríe con ganas. Fin de risa grupal. Pasan unos segundos y surge una car­cajada femenina muy par­ticular entre las primeras filas. Bossi se para, mira hacia la platea y encara a la señora en cues­tión, le pregunta su nombre. “Graciela se está riendo a destiempo, ¿no entendió?, no se preocupe, si quiere después se lo expli­co”, le dice. El teatro estalla con más risas. Todas a tiempo. Durante la noche, Gracie­la, sin proponérselo, y sin soñarlo, con su carcajada pasa a ser un personaje más del “Bossi Bing Bang Show”, tanto que sube a saludar al final del espectáculo, que desde enero lidera la taquilla de la avenida Co­rrientes, en el teatro Astral.

“De eso se trata improvisar, de aprove­char el momento”, dice Martín cuando se le pregunta si es algo común esta interacción con los espectadores. Luego de varios pre­mios bajo el brazo, y de los musicales “M, el Impostor” y “El impostor apasionado” con los que convocó a más de 500.000 espectadores, entre Argentina, Chile y Uruguay, Bossi regresó al teatro con este espectáculo humorístico musical, acompañado por una Big Band de 15 músicos y la participación especial de Manuel Wirzt. Martín se mete en la piel, y voz, de Frank Sinatra, Ray Char­les, Elton John, John Lennon, entre otros. También homenajea a los grandes capocó­micos argentinos: Tato Bores, Pepe Biondi y Alberto Olmedo junto al querido Javier Portales, que compone Carna, en el famoso sketch de “Borges y Álvarez”.

“En este espectáculo soñamos con una mirada hacia atrás pero no para decir que todo tiempo pasado fue mejor. Sino para ver en qué lugar del camino nos perdimos un poco. Simplemente volver atrás para recuperar lo mejor e incluirlo acá en el pre­sente. La vida es hoy”, asegura el actor.

-¿Sos nostálgico, añorás?

-¿Si añoro o soy nostálgico? Y…, soy ar­gentino. Si te fijás, nuestras raíces son el tango, el folclore, el cuarteto. Son todos rit­mos de letras nostálgicas. Somos un tango nosotros, no somos un reggaeton por más que nos lo quieran vender. Tuve una in­fancia muy feliz, entonces la recuerdo con mucho anhelo, aprendí mucho de aquello, pero vivo el presente. Amo lo que pasa hoy. Soy un tipo de 39 años, que vivió todos esos años intensamente, sin alcohol, sin droga, sin velocidad. Sin discriminar a los que lo hacen, porque cada uno hace lo que quiere. Viví muy despierto, muy consciente todo el tiempo, entonces son muchos más que 39.

-Pensás que se puede rescatar lo mejor de ese tiempo pasado, ¿no es utópico?

-Sí, por ahí es utópico, pero está bueno que desde un escenario uno pueda plantear cosas. No dejar un mensaje, porque yo no soy quien para dar una cosa absoluta. Pero proponer algo, plantear. Durante dos horas planteamos algo, si alguno lo utiliza ya está. Ya está cumplido.

-Dijiste que ya estabas cansado de las máscaras. Las imitaciones, sobre todo la de la Presidenta, te hicieron popular, ¿ya no habrá más de eso?

-Cuando uno sube una escalera dejás atrás escalones, ¿y renegás de ese primer escalón? No. Pero ya lo pasé y llegué a la te­rraza, o a dónde quiero llegar. Por ahí suena violento, pero yo necesité hacerme conocido para después hacer lo que a mí me gustaba. ¿Qué era hacerme conocido, hacer Shakes­peare? No. ¿Hacer tiras en Pol-ka? No era lo que mejor hacía, sino lo que llamaba la aten­ción era el tema de la copia. La copia es lo que naturalmente tengo a flor de piel, no quiere decir que es lo que quiera hacer de mi futuro. Me divierte, me gusta, fue una etapa donde tenía que llamar la atención de alguna mane­ra y traté de hacerlo de esa manera.

-Y lograste llamar la atención. Pero, ¿vol­verías a imitar si te ofrecen muy buena guita?

-La plata no me mueve, si me hubiera mo­vido la plata estaría haciendo eventos socia­les. A mucha honra, porque yo viví mucho de los eventos sociales. Me gusta la plata, pero renunciar a lo que me gusta, no, no. Pa­rece un poco de soberbia decir: “Elijo lo que quiero”. El ser humano tiene la posibilidad de elegir desde que nos levantamos hasta que nos acostamos lo que se nos cante. Cómo comer, a dónde ir, con quién hacer el amor, de quién enamorarse, qué decir… Bueno, uno puede elegir y yo hoy elijo estar haciendo lo que hago. Y no dudaría estar en una esquina haciendo malabares, o cantar en una vereda, no me importa, a mí me gusta actuar.

-Leí que a vos te gusta ser “singlista”, que no te gusta depender de otras personas. ¿Es una deformación profesional de tus años de tenista?

-Y aparte soy singlista en el escenario, actúo con veinte personas, pero mi trabajo lo hago como un singlista. Sí, claro que tuvo que ver, básicamente soy tenista. Hago la entrada en calor como un tenista, utilizó la precisión del tenis en el escenario. Me influ­yó mucho el tenis.

-¿Seguís jugando?

-Sí, mucho. Juego con mis amigos de la infancia, con Pablito Bianchi, con Martín Vasallito. Juego con mucha gente, a veces con profesionales, a veces con amigos. Me divierte mucho, me vuelve a mí.

-Eso lo decís mucho, “volver a vos”, ¿a qué te referís?

-Volver a mí es estar en mi casa con mi mamá, comer los ravioles de mi abuela, ju­gar al tenis, ésa es mi esencia. Volver al ba­rrio, salir a correr por la calle, eso es volver. Este trabajo está bueno pero hay mucho ruido, hay mucho movimiento. Me gusta actuar y cuando no actúo me gusta tener mi vida. Lo único que me gusta de todo esto es “actuar”, también que uno es un ser político y también tenés que ir a algunas cuestiones, pero no me gusta ser hipócrita.

-Entre ir a un evento y estar en tu casa, ¿elegís lo último?

-No lo dudo, por ahí antes lo careteaba y decía que sí me gustaba. Ahora elijo mi vida antes que mi trabajo. Además, es como seguir trabajando, si voy a un evento voy a uno de un amigo.

-¿Sos una persona que necesita mucho afecto?

-Sí, sí. Actué porque quería que me quie­ran, tengo un “caligulismo” con respecto a eso. Porque soy desmesurado en eso, yo salía por mi barrio y quería que todos me saluda­ran y que me conocieran, que supieran que existo.

– Ejercías el histrionismo desde chico…

-Sí, hoy por hoy no soy tan histriónico en la vida, me apagué mucho, todo lo contra­rio, trato de estar más quieto. Porque me re­servo todas las fuerzas para el momento en que actúo, porque me lleva mucho esfuerzo.

-En tu obra, aparece Graciela Borges. ¿Qué relación tenés con ella? Se dijeron tantas cosas.

-Cosas lindas, ¿no?

-Que eras el novio, que eras el amigo…

-¡Qué lindo!, si me dicen que le pego ahí estamos en el horno.

-¿Te quedó la relación de hacer “Viudas”?

-No, antes de “Viudas” nos conocimos en el teatro Broadway, ella me vino a ver. Creo que es un amor evolucionado que tengo con Graciela. Uno dice: “amo a tal mujer” y uno ya piensa en la cama, en el sexo. No podemos dejar de emparentar el amor con el sexo, y con ella tenemos un amor que es mucho más profundo que eso. Es una persona en la cual yo confío, es de mi familia, yo me siento de su familia. Nos amamos incondicionalmente y nada nos va a separar. Y como no mezclamos la cama, será eterno. Ella es hermosa, es una de las mujeres más hermosas que he cono­cido. Graciela es el amor mismo para mí, es alguien que admiro, que me ha enseñado, es una maestra total.

-Tocaste el tema del sexo. ¿Te molesta que la gen­te se interese en tu sexualidad? Porque vos mante­nés un halo de misterio, no se te conocen novias…

-No es un tabú para mí. No me pre­ocupa. (Hace otra voz) “Con quién coges, con quién coges, coges con hombres o con mujeres, ¡uy, es puto, puto!, se lo cogió, se lo cogió”. Es arcaico, evidentemente. No tengo mi vida en reserva, lo que pasa es que a los demás les gusta exponer. Yo vivo mi vida sexual, hace quince años que me dedico a esto, he tenido novias, he salido por la ca­lle, lo que pasa que no voy a los eventos de la mano con la chica. Por qué tengo que ex­poner en mi trabajo lo que hago en mi vida privada. La gente no se banca no saber, acá sos homosexual, o agrandado, o lesbiana, o infiel, o agresivo.

-Te tienen que etiquetar…

-Lo necesitan. Pero a mí me divierte, me gusta ser todo eso. De hecho estudié para actuar todo eso.

Lomas de Zamora el 16 de octubre de 1974. Hijo de una familia italiana, se anotó en la facultad de Lomas para cursar la carrera de Comunicación Social porque su papá quería que tuviera un título. “La pasaba más en los pasillos que en el aula”, confiesa. Sus ganas de actuar pudieron más. Hoy maneja su pro­ductora junto a su amigo de la infancia, tam­bién su mánager: Diego Djeredjian. “Éramos compañeros de tenis, de un grupo de siete u ocho pibes. Muy amigos, uno es nuestro contador: Luisito Penna. Queríamos levan­tar minas, queríamos salir a los boliches a cantar, por ahí alguien tocaba el piano y yo cantaba. Empezamos boludeando en el ’98 y poco a poco se tornó en un trabajo”.

-Te falta muy poquito para cumplir 40, ¿cómo lo vivís?

-En dos meses me llegan los cuarenta y me quiero morir. Pesan, pesan.

-Digamos que ya viviste la mitad de tu vida, ¿cómo ves la que sigue?

-La mitad. Es el entretiempo para pa­rarse a tomar agua. Me veo actuando, si­guiendo con el mensaje que empecé hace mucho tiempo, disfrutando más de mis amigos, más de mi vida, más de los asa­dos, más de los amores, más de Dios, so­bre todo más de Dios.

-¿Sos creyente?

-Sí, creo profundamente en Dios. Hoy, gracias a Francisco, cada vez que veo una iglesia sonrío. Él me reconcilió con esa pa­parruchada que me contaron de chiquito de Adán y Eva, que no cierra por ningún lado. Yo creo en Dios y en Jesucristo, pero la his­toria que yo creo no es la que me contó mi mamá que tenía que creer. Una cosa de “no mientas porque si no no vas al cielo, cumplí con los diez mandamientos”, toda esta cosa de control de la religión, conmigo no. No me digas los diez mandamientos, no me ame­naces, no me digas que Dios está en todos lados, no me asustes, Dios está en mi cora­zón. En eso creo.

-¿Alguna vez soñaste cuando estudiabas teatro con Víctor Laplace ser el más taquillero de la calle Corrientes?

-Sí, lo soñé. Algunos te dicen, “no, no lo soné”, yo sí, desde chiquito, estaba acostado y soñaba con un teatro lleno. Soñaba con hacer un gol de media cancha y con llenar el teatro. Lo único que soñaba.

-Lo cumpliste, ¿cómo te sentís?

-Es peligroso. Porque cumplir los sueños es peligroso, porque más allá de los sueños, ¿qué hay?

-Pero te pueden ir surgiendo otros…

-Tendría que volver a ser chiquito. No sé si uno tiene que tener nuevos sueños. Yo ac­tué para mi mamá, para mi tía, mi tío, para mi familia, empecé a actuar para ellos, por­que quería ser el gracioso de la familia, que­ría que me quisieran y después porque que­ría demostrarles a ellos que yo servía para algo, básicamente. Uno hace todo por las mujeres, lo empieza haciendo por la madre, por supuesto. Hay que reconocerlo, no hay que tener miedo. Y te pueden decir: “éste no cortó el corto umbilical”. Después empecé a actuar para la gente, para que me conozcan, por las chicas. Cuando eso ya se agota empie­za la verdad: actuar para ponerse al servicio. Eso lo aprendí de Emilio (Tamer), el servi­cio. Sacá toda la boludez, de las chicas, del escenario, del habano, de sentirme distinto porque actuaba. No, no. Ahora es ponerme al servicio de los demás, eso lo estoy buscan­do. Yo fui un tipo de mucho ego, donde no me podía correr de mí y hoy por hoy no es así.

-¿Eso lo resolviste en terapia?

-Con terapia y con gente sana que me enseñó. Yo nunca ayudé a nadie y este año empecé a experimentar el correrme y poder brindarme al otro. Estoy ayudando a un co­legio y lo cuento porque no lo hice nunca. Y para mí es acercarme a Dios, en todo ese ca­mino, el de agradecimiento y el dar, no hay madre que te lo pague, no hay nada que te lo pague. En eso estoy, en los 40 empezar a devolver todo lo que me dieron, porque he recibido mucho.

-Tu viejo no pudo ver tu éxito, murió cuando te­nías 19, ¿no?

-Mi viejo vio mi decadencia. Yo arranqué de la decadencia, a los 18 años yo era un tipo decaden­te. A esa edad no se puede fracasar en tanto y yo ya había fracasado en tantas cosas. A mi mamá, antes morirse, le dijo: “Fijate que podés hacer con Martín”. Yo creo que la base del éxito es la des­obediencia. No quiero decir que la desobedien­cia es fumarse un “porro” delante de un policía o cruzar la calle desnudo.

-Dijiste que la droga no estuvo en tu vida, ¿nunca te tentaste o probaste?

-Nunca me drogué con drogas, me he drogado con otras cosas. He consumido deportes en exceso, angustias en exceso, usaba el deporte para tapar cosas, o relaciones enfermizas para no mirar para adentro. Porque la droga sirve para irte de vos, yo por ahí no tuve el coraje para irme de mí metién­dome algo en la nariz, pero lo metí de otra manera y viví muchos años tapándome y estando fuera de mí. Y entonces era más o menos lo mismo.

-Leí que descrees de los políticos. ¿Hay espe­ranzas de que vuelvas a creer?

-Ojalá que no, ojalá que no crea nunca. No me interesa en absoluto, es tremendo. Yo creo en vos, te metés en política y ya no creo en vos. No creo en la política. Y no es que no creo en los políticos de acá, no creo en los políticos del mundo, Putin, Gorbachov, Fujimori, Luder, Balbín. Y con muchos me sentaría a tomar un café, son gente inteligente. No quiere decir que son malas personas o que sean delincuentes. Ahora, yo tener que creer…

-¿Qué sentís cuando te critican por­que no tomás una postura política?

-Es una idiotez. Esta es mi pos­tura: yo soy hincha de Los Andes. Los que me tratan de tibio, les quiero aclarar que me vestí de mina, e hice a Cristina en Canal 13, para eso hay que tener huevos. Yo soy de Los Andes y cuando hay un presidente del club que estoy en línea quiero que le vaya bien, pero si viene uno que no estoy en línea, no quiero que le vaya mal. Si viene Cris­tina y transforma a Argentina en Suecia, o si viene alguien de la oposición, no sé… Macri o Massa y lo hacen, y después si vie­ne Gómez Rinaldi y se postula a presidente y le va bien… Yo al presidente que venga quiero que le vaya bien. Me quedan unos 30 años de vida y quiero estar en un país bueno. ¿Cuál es eso de que le vaya mal? Disculpen, ¡eh! Yo quiero que le vaya bien a la Argentina.

-Tenés esperanza que le vaya mejor al país.

-No, no. Le va a ir cada vez peor, pero no de pesimista. Yo en el año ’83 amanecí, tenía 7 años, y vamos cada vez peor. En eso somos geniales.

Agradecimiento: Hotel Novotel, del grupo ACCOR, Av. Corrientes 1334, CABA. http://www.novotel.com

Fotos: GuStavo PaScaner

Para “El Negro”

“La película de Olmedo es un sueño que quedó trunco. Yo creo que El Negro’ merecía un homenaje en cine, lamentablemente no se pudo. Pero lo pude hacer en el teatro y lo voy a seguir haciendo en mis próximos espectáculos que tengan que ver con esta estructura de humor. Porque somos Olmedo, dulce de leche, Fangio, Gardel, Maradona aunque nos pese. Espero que se le reconozca el trabajo que hace Carna, como Javier Por tales. Estamos en un país que cuesta reconocer el talento de los demás. Hasta ahora no vi a nadie, creo que hasta ahora están siendo muy in justos con un tipo que realmente no hay precedente de un actor que esté haciendo lo que está haciendo este señor. Y en la televisión tampoco, es un artista maravilloso. Cuesta eh, me incluyo, cuesta mucho ver en el otro. Tal vez por el ego en que vivimos.

Primer protagónico en cine

Cuando el telón del Astral baje y Martín Bossi salga de gira por el interior del país y Uruguay, la pantalla local estrenará el 23 de octubre la comedia “Un amor en tiempos de selfies”, su primer protagónico. “Estoy muy contento con el cine, estoy aprendiendo”, dice Bossi. El filme, producido por Aleph Cine y por su productora. MD+, está escrito y dirigido por Emilio Tamer. Actúan Carlitos Balá, Graciela Borges, Manuel Wirtz y María Zamarbide, entre otros. “Es la historia de un actor de teatro independiente, cómo se relaciona con los medios, con Primer protagóNico en cine el amor y con la tecnología. Habla de los sueños, es muy potente. La vi veintisiete veces, me costó mucho verme a mí, porque la composición del actor que hago no tiene mucho que ver con lo que venía haciendo. La composición interna, sin máscaras, de Lucas, un profesor de stand up de comedia, que tiene una pequeña escuela en San Telmo. También es como un homenaje a los artistas independientes. En realidad todos tenemos un artista independiente adentro; vos cuando cantás en la ducha sos un artista independiente.”

Foto: Gustavo Pascaner

Publicada en Revista 7 Días / Septiembre 2014.

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Esta entrada fue publicada en 14 enero, 2015 por en Personajes y etiquetada con , , , , , , , .
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