Susana Parejas

Periodista – Editora

Regreso al hogar

tobuna

Luego de 60 años, Tobuna es la primera hembra de yaguareté que llega al proyecto de cría en los Esteros del Iberá. Viene desde del zoo de Batán, y es parte del proyecto de la fundación CLT,  único en Latinoamérica: la reinserción de grandes mamíferos a su hábitat natural.

Algunos memoriosos cuentan historias sobre  “la verdadera fiera”, tal lo que significa yaguareté en guaraní, otros se ufanan con relatos de cómo fueron cazados. De aquel gran felino, que corría libre por los Esteros del Iberá, no quedó ninguno. El yaguareté desapareció de este territorio donde agua y tierra están en continuo romance desde hace unos sesenta años.  Actualmente, quedan unos 200 ejemplares en todo el país, y se encuentran en ecosistemas forestales después de haber sido exterminados de los vastos pastizales argentinos.

Sin embargo, la esperanza de volver a reinstituir este ecosistema está más que nunca viva, y en plena ejecución. Tal como se recicla un monumento histórico, es el trabajo que se está realizando en esta parte de Corrientes.  “Es como restaurar una catedral del Siglo XIII”, asegura el biólogo Ignacio Jiménez Pérez, coordinador del programa de Reintroducción de fauna de CLT, fundación The Conservation Land Trust. Esta analogía, con lo que significa reinstituir un ecosistema, puede resultar extraña. Pero no lo es. En ambos casos se trabaja con precisión y extremo cuidado y, por sobre todo, respeto por conservar lo original.
En Corrientes, más específicamente, en la cuenca de los Esteros del Iberá, hay 1.300.000 hectáreas de área protegida que necesitan recuperar mucha de su fauna que hoy en día está en vías de extinción.  Esta enorme región es el segundo humedal más grande del mundo, el primero es el Pantanal en Brasil. Aquí conviven el Parque Provincial del Iberá, unas 500 mil hectáreas de tierras públicas (40%) y la Reserva Natural del Iberá, 800 mil hectáreas, en su gran mayoría tierras privadas (60%).
Ignacio es español, nació en Valencia, pero actualmente vive en Argentina, y trabaja para  la CLT, en donde, junto a un equipo de especialistas en el tema, están desarrollando un proyecto destinado no sólo a establecer un gran parque dentro de la reserva, con intención de ser donado a lo público, sino también de dotarlo de poblaciones de la fauna que la habitaba hace apenas un siglo.
Abriendo camino. Con este fin, se comenzó con dos proyectos destinados a dotar la reserva de dos de sus especies más emblemáticas: el oso hormiguero gigante y el venado de las pampas. Después de casi 10 años de trabajo existen ya dos poblaciones restauradas de oso hormiguero y una de venado de las pampas que en total suman unos 100 ejemplares en vida libre en áreas donde hasta hace poco habían desaparecido totalmente. También se está preparando la liberación del primer grupo de pecaríes de collar para las próximas semanas, un pequeño jabalí silvestre nativo de la región que vive en grupos de 5 a 15 ejemplares. Y en el futuro cercano se espera reintroducir al guacamayo rojo, una espectacular ave que habitaba las selvas cercanas al río Paraná y del norte del Iberá. A éstos le seguirán el muitú, un ave  parecida a un pavo, y el tapir, el mamífero terrestre más grande de Sudamérica. Todas estas iniciativas conjuntas constituyen el mayor programa de restauración de fauna del continente americano.
Para comenzar con la reinserción de especies en el Iberá se pensó en el animal más fácil: el oso hormiguero gigante. “Es un animal con el que todo el mundo simpatiza, es muy llamativo y era relativamente fácil conseguirlo”, explica Jiménez Pérez.   Además de la facilidad que ofrecía para su reinstalación, había otra necesidad: esta especie se considera como extinta para Corrientes desde la segunda mitad del siglo XX, aunque todavía alberga poblaciones importantes en el Gran Chaco argentino.
Por lo general, los animales que se reinsertan en la reserva son ejemplares procedentes de zoos, casas privadas y decomisos realizados por las autoridades.  “Hoy tenemos entre 27 y 42 osos hormigueros en Rincón del Socorro,  y en San Alonso ya viven 16 ejemplares.  La población se mantiene sola. Ibotí, fue la primera hembra que llegó, ella vivía en el patio de una casa de una familia, al poco tiempo de su liberación en el campo, tuvo crías”, comenta eufórico Ignacio.  El biólogo explica los recaudos que se tienen a la hora de restablecer una población. Cada animal que ingresa en el proyecto pasa por una fase de cuarentena durante la cual se evalúa su estado sanitario.  Al ser liberado está provisto de un radiocollar que emite una señal que permite su seguimiento diario.
El gran desafío. El último tramo, y la apuesta más fuerte de esta reinserción, es todo un desafío: traer de vuelta al yaguareté a su hogar. No sólo constituye un reto por lo que es reintroducir un depredador tope, también porque no existe experiencia previa en América latina. En un tiempo el yaguareté (Panthera onca) vivía tranquilo en las tierras correntinas, hoy ya no queda ninguno.  “Su situación en la Argentina es muy crítica”, sentencia Mario Di Bitetti, investigador del CONICET, Instituto de Biología Subtropical – sede Iguazú-, y especialista en conservación de la especie. La población del “gran tigre criollo” se vino a pique en los últimos 10 o 15 años. Luego del venado de las pampas, es el mamífero de gran tamaño que más territorio perdió en la Argentina, cerca del 85% de su distribución original. Justamente en esos años hubo una gran expansión de la actividad agrícola y de la ganadería, también hubo mucha presión de caza,  probablemente la causa más clara, es la caza directa, furtiva.

Las corrientes conservacionistas de punta no sólo quieren crear áreas protegidas, sino que estén completas. Y, para que suceda esto, es imprescindible tener a los depredadores, porque son los que controlan el ecosistema. Según el biólogo de CLT, si hay poblaciones de herbívoros que están en crecimiento continuo, como los ciervos de los pantanos, yacarés y carpinchos, y nadie los controla, van a acabar subiendo su número y muriendo por enfermedades. Lo que hace un depredador es mantener poblaciones más estables y más

Sin embargo, la reintroducción de este félido no es nada simple. “Vamos a tener que entrenar a animales cautivos para que a su vez entrenen a sus hijos, y recién después liberarlos. Será mucho más costoso porque tenemos que criarlos”, analiza Jiménez Pérez. Es un proyecto a largo plazo, y único: nunca se han introducido yaguaretés en América latina. Además, según el biológo, con esta especie se necesita tecnología satélite para su seguimiento. “Si el oso hormiguero se mueve en un kilómetro cuadrado, el yaguareté lo hace en 40 mil hectáreas”, aclara.
En  San Alonso. Dentro de este contexto se ubica la creación del Centro Experimental de Cría de Yaguaretés (CECY). Este centro es el único del mundo dedicado exclusivamente a criar ejemplares de yaguareté que sean totalmente aptos para vivir en la naturaleza; lo que implica que sepan cazar por sí mismos y que no tengan ninguna dependencia con el ser humano. El CECY está ubicado en la isla de San Alonso, en un área remota dentro de la Reserva Natural Iberá a la que sólo se puede llegar por agua o por aire. En el diseño y construcción de las instalaciones este centro colaboraron científicos y expertos de cuatro continentes.
El CECY cuenta con cuatro recintos de 1.200 m2  diseñados para albergar hasta dos parejas de yaguaretés procedentes de zoológicos que pueden servir como reproductores aunque no cumplan con las condiciones para la vida libre. Junto a estos recintos se encuentran dos grandes corrales de hectárea y media de superficie donde una hembra puede sacar adelante a sus cachorros sin que éstos tengan contacto con los humanos y puedan ir aprendiendo a cazar por sí mismos. Finalmente, existe un corral de 30 hectáreas –el mayor del mundo en su género—donde estos cachorros nacidos en el interior del Iberá podrían terminar de afinar al máximo sus técnicas de caza, ya sin su madre cautiva, la cual no será liberada por haber vivido demasiado tiempo en contacto con las personas.
La más esperada. Todo el proceso de diseño, construcción y aprobación formal de las instalaciones del CECY llevó más de cuatro años, hasta que el 7 de abril pasado llegó   a Corrientes primera hembra de yaguareté que inauguró el plantel de animales reproductores. “Tobuna” fue donada generosamente por el zoológico de Batán situado cerca de la localidad de Mar del Plata. Es una hembra especialmente elegida al ser la última yaguareté que se ha reproducido en cautividad en Argentina. Aunque Tobuna –al ser un animal nacido y criado en un zoológico—no reúne las condiciones para ser liberada, la idea es que dé a luz a sus crías en condiciones seminaturales para que éstas si puedan ser libres algún día. “Una vez que la yaguareté pase exitosamente por todas las pruebas médicas, la trasladaremos a su amplio encierro en el interior del Iberá”, señala Gustavo Solís, coordinador veterinario de CLT.
Este es un paso muy importante en lo que va a ser un largo proceso. “Este año debemos conseguir dos machos y otra hembra para el CECY. El zoo de Batán nos ha ofrecido ya otra hembra. Pero, como en el Génesis, esta Eva necesitará un Adán para reproducirse.
Sin embargo, prácticamente no quedan machos adecuados en los zoológicos de Argentina, o son muy viejos, o tienen un origen inadecuado, o los dueños prefieren no sumarse al proyecto de cría. Por tanto, vamos a buscar animales en los países vecinos. Desde Uruguay tanto los zoos como el gobierno ya han mostrado interés en aportar animales para este proyecto”, explica Jiménez.
Karina Sporring, responsable directa del CECY, tiene un prudente optimismo: “Aunque la llegada de Tobuna es una gran noticia, todavía queda mucho trabajo y mucho que aprender hasta que logremos tener afinadas las técnicas que permitan criar yaguaretés que puedan vivir seguros en la Naturaleza”. Se estima que en Iberá podrían llegar a vivir a salvo, sin entrar en conflictos con la gente o el ganado, unos 100 yaguaretés. “Si logramos restablecer una población acá, estaríamos aumentando la poblacional nacional en un 50%”, pronóstica Jiménez. Después de seis décadas de haber desaparecido de estas tierras, por fin, “la gran fiera” vuelve a su hogar correntino.
 Fotos: Gentileza CLT.

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