17 de marzo

La finitud del ser es lo único certero que tenemos. Sin embargo, es lo que nos lleva a vivir. Vaya paradoja. Abro los ojos a la mañana y, por un segundo o menos, pienso si todo esto que estamos viviendo no es un sueño. No, es realidad, me digo. La de quedarse encerrado, no salir. Soy grupo de riesgo, sé que no voy a pisar la calle por mucho tiempo. El que va a hacer las compras, vuelve deja su ropa para lavar. Lava sus manos. Hay que desinfectar todos los paquetes de alimentos, teléfono. Y cuando hago todo esto, siento que el virus está agazapado mirándome, esperando un error para brincar sobre mi boca, sobre mis ojos.

Los médicos dicen que el virus no nos busca, nosotros los buscamos. Pero, si me equivoco. Porque toco, me lavo, vuelvo a tocar, me vuelvo a lavar. Es un loop interminable entre la lavandina y el alcohol diluido al 70%. Igual no puedo sacarme la idea de que está allí agazapado, mirándome.

Foto: Susana Parejas

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