26 de marzo

Este diario de cuarentena en realidad lo estoy escribiendo a mano. Pero, un día me dio miedo (otro más) de que el cuadernito con tapas amarillas se pierda, se rompa, no exista más, como seguramente yo no existiré más, y quise transcribirlo y publicarlo en mi web.  Me trajo el recuerdo de cuando no podía escribir textos propios en la computadora. Tenía que hacerlo a mano y luego transcribirlo, como estoy haciendo ahora. Recién cuando empecé a estudiar periodismo, comencé a internalizar el hecho de pensar y escribir al mismo tiempo en la PC. Fue en las clases de Laboratorio de redacción periodística. De todas formas cuando he ido a conferencias de prensa, o en algunos casos, el grabador nunca superó al cuadernito y la birome.

Pero, hoy haciendo este diario, me doy cuenta cuánto me cuesta escribir a mano, hasta me veo la letra diferente. Y eso que esta lapicera con la que estoy escribiendo es maravillosa. No es cara, ni de marca, ni nada por el estilo. Se desplaza con una suavidad increíble. Pienso en cómo esta birome llegó a mí. 

Yo iba siempre a tomar un café, a veces a comer al mediodía, a Memé Mimí, un coqueto restaurante que funciona en el hotel Arenales, por la calla homónima y Austria. Muchas veces llevé mi notebook y trabajé allí, hice reuniones, también dibujé. De tanto ir, me hice amiga de Belén, la camarera. Un día me trajo para firmar el ticket de la tarjeta esta birome.  Fue firmar y darme cuenta de lo lindo que escribía esa lapicera. Era casi perfecta. Y se lo dije. “Llevátela, te la regalo”, me contestó Belén. Y yo me la llevé.

Marcelo la usó alguna vez, y me dijo: “Qué buena birome”. Y yo le contesté: “Sí”, y le conté cómo había llegado a mí. De esto hace mucho. Un día llegué al barcito, hacía unos días que no iba, y no vi a Belén. Pregunté por ella, y me dijeron que no trabajaba más. Me dio tristeza no despedirme de ella, no sabían decirme dónde estaba, “un bar por Tribunales”, fue la respuesta. Pero, cúal. Dónde. Ahora, pienso que habrá cerrado, y ella hacía poco que se había ido a trabajar allí, le pagarían el sueldo. Cuando escribo con esta birome, quiero que nunca se acabe la tinta, pero sé que se irá también como Belén y ya no estará conmigo.

 

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