12 de abril – Domingo

Cada mañana me despierto recordando el sueño que tuve,  puedo contarlo a la perfección. A veces como en todo sueño, quedan más las sensaciones que las palabras para contarlos, y son como pedazos que en la narración quedan huecos, pero la coherencia existe igual. O, mejor, la incoherencia del sueño se mantiene. Siempre me maravillaron los sueños, y cuando leí “Las ruinas circulares de Borges” me quedó para siempre esa idea de que podemos ser los sueños de otros.

Los sueños son como premieres de nuestro inconsciente, funciones privadas para nosotros solos.  Lo increíble también es el casting que hacemos de los personajes.  Algunas personas son ellas, pero con las caras de otros. O también, como se mezclan los escenarios, el día puede ser una noche oscura, el interior de una casa es un parque que se abre a través de una puerta. En el mundo onírico el caos reina, aún más que en la vida real. 

Cada mañana de esta carentena, o muchas de ellas, me desperté y me acordé perfecto lo que había soñado. “Voy a escribir los sueños”, le dije a Marcelo. “Es buena idea, tal vez encuentres una idea para un corto”, me contesto mientras se cebaba los mates de la mañana. Porque se los cuento en el desayuno. Alguien me dijo alguna vez -ya no recuerdo quién fue ese alguien y cúal fue esa vez- que no hay que contar los sueños en ayunas, que se pueden cumplir. Una boludez total, pero no cuento un sueño si al menos no tomé un vaso de agua. 

Lo malo es que nunca escribí los sueños, tal como me había propuesto, hoy quise hacerlo y ya no me los acordaba. Hice un esfuerzo, pero no vino nada a mi mente. En algunos estaba mi papá, en varios, en todos siempre surgían complicaciones, no eran pesadillas pero si siempre había un conflicto para resolver. Si recuerdo, que en uno estaba mi abuelo Valeriano en la quinta, y me daba verduras. Vale murió hace mucho, pero se lo veía contento. 

Hace unos días leí un artículo en el diario La Nación, cuyo título era “Sueños raros”, y contaba que muchas personas están diciendo que tienen estos sueños, incluso había posteos de twitter, y algunos especialistas decían que era por la situación de estrés que estamos viviendo por la cuarentena. 

A mí no me preocupa soñarlos, me da mucha bronca no haberlos anotado, como dice Marcelo, algunos eran un buen guión para un corto. 

Foto: Susana Parejas

2 comentarios en “12 de abril – Domingo

  1. Hola Susana, sí, ¡a mí también me pasa! Bueno, ahora en cuarentena y antes. También decidí escribir los sueños, los contaba primero a mi pareja y más tarde al quererlos escribir nunca me acordaba, hasta que al final dejé una libreta en la mesita de noche y ahora a veces hasta medio dormida escribo aunque sean cuatro garabatos. Es alucinante, aunque no salga nada de ello el recordarlos muestra un mundo dentro de una misma. Nunca leí “Las ruinas circulares de Borges”, apuntado queda. Gracias por compartir!

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