Susana Parejas

Periodista – Editora

Lito Cruz

“Pienso todo el tiempo en la muerte”

Seduce como el abogado Oscar Nevares Sosa, en “El elegido”. A los 70, actúa, dirige teatro y lleva de gira un espectáculo de tango a las cárceles. Habla de su concepto del amor en esta etapa de su vida, su deuda con Shakespeare y Discépolo, y opina sobre el gobierno. Un maestro de actores vital y prolífero.

Por Susana Parejas

A pesar de que nadie lo llame así, él asegura que si le dicen “Oscar” se da vuelta. Y no se trata del nombre del personaje que compone en “El elegido”, Oscar Nevares Sosa, sino del propio. El que figura en el documento. Oscar Alberto Cruz. Tal como lo anotaron el 14 de mayo de 1941. El destino, o los guionistas, hicieron que el malvado abogado de la tira de Telefé se llame igual. “’No le pongan ese nombre al personaje’, les dije;‘ya está, ya está’, me contestaron”, explica resignado sentado en un barcito de la calle Corrientes. “Antes me llamaba Oscar, la primera película que hice era como Oscar Cruz”, remata. Pero lo cierto es que el sobrenombre “Lito” le ganó la pulseada al nombre de pila ya desde pequeño, desde su infancia en el campo, en Berisso. “Yo tenía un hermanito que se llamaba Angelito y falleció al año, nació mi hermana y le pusieron María Victoria, pero le decían ‘Lita’, nací yo y me decían ‘Lito’. Después, mi padre me dijo: ‘Dejáte Lito’”. Y se lo dejó.
Pasaron más de cincuenta años, desde que partió de su Berisso natal para venir a la ciudad de Buenos Aires, y son casi los mismos que se dedica a la actuación. Trabajó sobre el escenario pero también en cargos públicos, fue el fundador y actualmente es el director ejecutivo del Consejo Provincial del Teatro Independiente, desde donde lucha para que la actividad que tanto ama llegue a lugares inhóspitos para la cultura. Lito es un referente. Su nombre remite a personajes que quedaron en la memoria popular, como la encarnación diabólica de José Sagasti, en El garante; o a ciclos que marcaron hitos en la televisión argentina, como Darse cuenta, Tiempo final, Zona de riesgo, entre otros. Con más de 20 obras de teatro dirigidas, y 41 películas y programas de TV en su haber, sigue vital y prolífico. Este año llevó a más de 20 ciudades del país la obra de Arthur Miller, Todos eran mis hijos, donde es protagonista junto con Ana María Picchio. También está dirigiendo la obra de teatro La otra, de Javier Daulte, con Eliana Manzo, una actriz no vidente que se formó con él. Porque, además, Lito es maestro de teatro. Por su histórico estudio de la calle Suipacha al 100 desfilaron muchos de los grandes actores argentinos.
-¿Sentís que ya hiciste todos los personajes que querías hacer?
-No, todavía hay muchos personajes que quiero hacer. Están ahí para desafiarte, desafían tu naturaleza, tu emoción, tu naturaleza, tu inteligencia, tu físico, tu cuerpo. Entonces uno empieza a medir fuerzas cuando lee y ve hasta qué punto puede. Por eso, yo tengo deudas con Skakespeare y con Discépolo, son muy grandes, demasiado grandes y nunca me animé hasta ahora, pero siempre tengo alguna posibilidad de encarar alguno.
-Con todos los personajes que te tocó representar, ¿por qué sentís que estos son demasiados grandes?
-Y bueno son muy enormes. Primero, porque son obras escritas en otras épocas, fueron escritas para seres humanos que vivían a la intemperie, andaban a caballo y peleaban en las esquinas con espadas. Y esos eran los actores. Están escritas para seres humanos de dimensiones enormes para la vida cotidiana. Y ahora uno vive en una piecita de dos por cuatro.
-Pero en tu escuela de actuación, seguro trabajaste las obras de Skakespeare…
– Yo trabajo mucho con Shakespeare porque creo que es la mejor forma de aprender. Es muy difícil pero te permite una concentración y una capacidad irreducible de lo que pasa en las obras que no lo tienen otra. Por ejemplo, Shakespeare no acota, dice en el medio del mar, y arreglátelas. ¿Cómo hacés el medio del mar? Aposento del palacio y nada más. Entonces todo esto te permite un entrenamiento muy grande tanto en la parte de la dirección, como en la parte de la estructura de las obras.
-¿Cómo hacés como profesor de teatro cuando llega un “maleta”?
-Tenés que esperar, si es maleta se da cuenta solo. Pero a veces hay personas que se creen maletas y un día hacen clic. Porque en el teatro no hay que tener un físico especial, ser gordo, alto, flaco, chico, grande, tenés que ser vos. La gente no es maleta, sino que el pudor le ha ganado demasiado en la vida y cuando sale aparece una personalidad increíble. Entonces, ahora me interesan mucho más esos, porque algo tiene que haber.
– En “El elegido”, estás en la piel del malvado Oscar Nevares Sosa. ¿Qué te dice la gente por la calle?
– Me dicen que soy un “malo bueno”, pero de forma simpática, la gente sabe diferenciar. En general uno no hace personajes malos ni buenos, el espectador arma el personaje, como vos armás el cuadro de Picasso. Él tira tres líneas pero la paloma la armás vos, y esto es igual. A Nevares Sosa lo arma la gente. En el arte el espectador arma y termina la obra.
-¿Te causa gracia cuando te dicen que sos el De Niro argentino?
– Y claro, como no me voy a reír. De Niro hay uno solo y no es argentino.

Tango, política y el viaje final. “Bailo el tango pasablemente”, reconoce Lito. Fue el tango el que le dio la oportunidad de estar de nuevo enamorado. Hace dos años, conoció en un evento solidario a quien es hoy su mujer, la bailarina María Dutil. Desde entonces están juntos, no sólo en la vida, también sobre el escenario. “Ella está separada y yo viudo”, aclara Lito, que estuvo casado por 43 años con la artista peruana Nilda China Gutiérrez. Los dos protagonizan la obra “Sueños de milongueros”, una historia de amor contada al ritmo del 2 x 4, que llevan a las cárceles federales del país. “En octubre 2010, hicimos una gira carcelaria, y ahora estamos haciendo la segunda etapa. Es la magia del teatro llenar un espacio vacío, no hay telones, no hay acústica, no hay luces, no nos protege nada, lo único que hay es un vestuario, y la magia de actuar”, asegura Lito acerca del espectáculo que armó como homenaje a su padre Teodoro Oscar Cruz.
-¿Cuál es tu primer recuerdo bailando tango?
– Huy… de chico. En todas las comunidades de Berisso, que eran como setenta, se cantaban las músicas propias, con sus bailes, sus ropas, sus coreografías, sus historias, pero al final había una música diferente que era el tango. Iban la orquesta de D’Arienzo, de Di Sarli, de Pugliese. El tango se bailaba mucho, porque era parte de cada fiesta de cada una de las noches. No es tan difícil el baile porque sino no sería tan popular, es como la zamba.
-¿Te perfeccionaste al estar en pareja con una bailarina profesional?
-Lo que aprendí con María, es hacerlo un poco más coreográfico, porque soy un hombre del escenario. Entonces, me gusta más contar algo con el paso. Entre los dos le contamos algo a la gente. En el baile de la milonga, le contás algo a ella, y ella te cuenta a vos. Entonces María pescó el lenguaje y toda la coreografía la puso en función de contar algo. Y es ahí donde empezamos a armar un espectáculo de narrar una historia de amor, porque además nos fuimos enamorando.
– ¿Cómo vivís el amor en esta etapa de tu vida?
-Yo creo que el amor no está separado de los objetivos que construyen una pareja. Entonces en general, cuando hay objetivos comunes, cuando aparecen los hijos, cuando aparece la familia, aparece el teatro, como en este caso, caminamos juntos queriéndonos pero también hacia algo. Si no las parejas en general se enfrentan. Y en el camino discutimos pero vamos caminando. Yo creo que la falta de objetivos es lo que hace el desamor. Y el objetivo es parte del amor, es parte de cualquier relación.
-¿Es una fórmula para no fracasar?
-Tener claro el objetivo, e interesarse mucho por el mundo del otro, no invadirlo. Con esas dos cosas vos caminás. El amor tiene mucho que ver con los objetivos.
— Vos fuiste un pibe de barrio, te criaste en Berisso. ¿Volvés seguido allì?
-Siempre voy a Berisso. Ahora en la fiesta del inmigrante, en Septiembre, desfilo a caballo, como gaucho. Logré hablando mucho con Néstor (Kichner) que declarara la calle Nueva York sitio histórico nacional. Mi papá tenía un barcito en esa calle en el puerto y estoy tratando de conservarlo un poquito más. Está en manos de amigos. Y ahora, por suerte, se va a hacer una terminal de containers, que la hicieron Cristina, Scioli y una empresa filipina, y la Ruta 2 va a llegar hasta el puerto y Berisso va a crecer mucho.
-Nombraste a Cristina. ¿El tuyo es un voto cantado?
-Sí, me parece que realmente Cristina, como Néstor en su momento, puede manejar el país como lo está manejando. La gente no se da cuenta de las cosas que están pasando. Hay un canal INCAA que pasa solo cine argentino, está SAGAI que es un lugar que protege a los actores en cualquier lugar del mundo. Donde aparece tu imagen hay un mecanismo que hizo el gobierno para cobrar el derecho de imagen. Arregló toda La Casa del Teatro. Están haciendo cosas importantes, lo que pasa que los diarios no lo sacan. Entonces hay como un país virtual, el que venden los diarios. Pero hay otro país, que hay que recorrerlo, si no, no lo vas a conocer.
-¿Pensás que la gente está confundida?
-Sí, está confundida, porque los diarios confunden, los medios confunden bastante, pero basta ver la realidad. Ver cómo estás viviendo.
– Con tanta actividad, ¿seguís durmiendo poco?
-Sigo durmiendo poco, María se queja. Un límite sería cuatro o cinco horas. Son hábitos de la infancia dormir poco. Pero, de todas maneras, duermo. Ya tengo 70, estoy ahí…
-¿De cuántos años te sentís interiormente?
-Setenta y cinco, setenta seis. A veces ochenta (risas).
-¿Pensás en la muerte?
-Sí, todo el tiempo. Pero, mi vieja decía que la vida es un viaje y la muerte es parte del viaje.
-¿Le tenés miedo?
-No, porque me quedó esa imagen. Se moría mucha gente en mi casa y tenía que ir al velorio y mi vieja decía: “Deseále un viaje en paz”, y chau. Y si nadie volvió es que están muy bien.

Publicada revista Bacanal – 2011

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Esta entrada fue publicada en 20 octubre, 2012 por en Personajes y etiquetada con , .
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