Susana Parejas

Periodista – Editora

“Trabajo mucho para que me quieran”, Mercedes Morán


Mercedes Morán estrenó su última película “Betibú” y está en el prime time de El Trece. Charla con una abuela permisiva que prefiere ser antihéroe en la ficción y heroína en la vida. “Hay mujeres que le damos más ganas a los hombres”, dice sobre el amor.

Por Susana Parejas Fotos: Gustavo Pascaner

“En mi vida no soy una mujer obediente, por eso me gusta practicarlo como actriz”, asegura Mercedes Morán mientras mordisquea algo dulce sin culpa. “Como fui flaca toda mi vida nunca tuve privaciones. Siempre comí lo que quise, tuve a mis hijas y bajé rápidamente, ahora me tengo que cuidar un poco con el chocolate que es mi perdición”. Confiesa golosa a la que los genes le regalaron no cuidarse en las comidas, de apariencia frágil, sólo de apariencia, y voz firme y segura, se mete en la charla, que no tiene el vértigo, ni la voracidad, sino la reflexión cauta y la sonrisa pícara que le achica los ojos cuando reconoce sus propios traspiés. La obediencia de la que Mercedes habla, no es ciega: “Necesito saber por qué, para qué, cuándo, de qué manera, con quién. En ese sentido puedo llegar a ser hinchapelotas porque puedo preguntar todo, pero una vez que tengo todos los datos que necesito me entrego. Me gusta la experiencia de entregarme, de hecho el cine para una actriz más que ningún otro lugar es la experiencia básica de entregarte al director, confiar, confiar en su mirada, dejar de chequear, controlar, dejar de mirarse a sí misma”. Así, compuso su Roxy en “Gasoleros”, el personaje que la hizo popular; o “la Chechu”, recolectora de amantes en “Culpables”, la gran puteadora e inmoral de “Gloria”, la prima y socia de Francella en “El hombre de tu vida”, de Juan José Campanella. Desde hace pocos días compone a Mónica Durán, en la nueva tira del Trece, “Guapas” de Pol-ka. En cine, la lista se agranda. Y mucho. Y culmina en “Betibú”, el thriller de Miguel Cohan, que está a punto de estrenar (el 3 de abril) basado en la novela de homónima de Claudia Piñeiro. En esta película, Morán es “Nurit Iscar”, la Betibú del título, una escritora que investiga un asesinato en un country.

-¿Qué te une más al personaje de Betibú, la parte de escritora o la de investigadora?

  -La parte de escritora, su parte donde cuenta ficciones y también su arco afectivo. Ese segmento que para todas las mujeres es muy reconocible, desde que empezás a sacarte de la cabeza al tipo inadecuado hasta que aparece el adecuado, que entramos en esa especie de ceguera donde no ves más nada y, probablemente, las amigas ven antes que uno al otro que se acerca y te mira con amor. Entonces, en ese arco tan femenino y tan reconocible es que se lleva a cabo toda la acción de la película.

-¿Con todos los personajes que hiciste, te podrías definir como una actriz “todo terreno”? 

-No, no. Mis momentos de seguridad flaquean siempre y siempre soy tomada por la duda. Por si voy a poder hacerlo, si estoy a la altura de las circunstancias. Y me parece que es bastante saludable, está buena esa elasticidad que te permite dudar y no tener la híper seguridad. La archiseguridad no me parece a mí un mérito, me parece que hay que ir y volver, que hay que dudar. Si no hay algo del riesgo que no se lleva a cabo.

-¿Y qué tan piadosa sos cuando te ves en la pantalla? 

-A medida que pasa el tiempo estoy más buena conmigo, más piadosa, pero siempre necesito un tiempo entre lo que hice y ver el resultado, porque es como te pasa con la propia imagen, a todos nos pasa que tenemos una idea y después no es así. Pero no soy de mirar mis películas o mis programas. A veces de casualidad me ha pasado estar en un lugar y que están dando una película mía y me quedo con una sensación rara, es como otra que soy yo. Un día me llamó mi hija y me dice: “Mamá están pasando por Volver una novela que hiciste, tenías otra voz”. Y era cierto, creo que era “Rosa de lejos”, donde hacía la novia rica y mala del hijo de Rosa.

-Por lo general no hiciste papeles de mala, sí de antihéroe. ¿Por qué? 

-Sí, me gustan, son los que elijo. Todas queremos ser heroínas y princesas, y qué sé yo. Me parece que la empatía con un personaje más equivocado, más oscuro o con debilidades es más profunda, es más secreta, el tipo de complicidad del espectador con ese tipo de antiheroínas es más interesante. Y además hacer esos personajes me parece más divertido.

-¿Y en la vida cómo te sentís? 

-Y en la vida trabajo bastante de heroína, pero trato de correrme de ese lugar porque no hay medalla. No hay nada, viste. Pero, me gusta sentirme útil, necesaria. Trabajo mucho para que me quieran.

Ese no sé qué.

“No sé qué tengo que le gustó a los hombres”, reconoce con sinceridad Mercedes. A los 17 se casó con el padre de sus dos primeras hijas, Mercedes y María, luego estuvo en pareja un poco menos de 30 años con Oscar Martínez, con quien tuvo a Manuela, casi pisando los 40. Desde 2007, está en pareja con el artista plástico uruguayo Fidel Sclavo. Para completar el cuadro familiar, y convertirla en “abuela Meme”, otra mujer se sumó a la postal familiar, su nieta Emma, hija de Mercedes.

-¿Universo femenino o matriarcado?  -Matriarcado, no, pero sí es un universo muy femenino, mucha hormona femenina en su mayoría. Tres hijas mujeres, tengo una hermana, mi madre, mis tías, había un varón pero siempre somos mayoría las mujeres. Y ahora que se expandió la familia, mi primera nieta fue una mujer. Ya desde mi última hija tenía de hacer la experiencia de un varón, me encantan los varones, los hombres, me llevo bien con ellos. Pero no tengo un universo femenino de mujeres solas porque siempre estuve con un compañero. Siempre estuve en pareja. Hay mujeres que les damos más ganas a los hombres. Nunca sufrí por eso.

-¿Nunca sufriste por amor? 

-¡Sí!, pero nunca sufrí esa cosa de me quiero comprometer y el otro no se compromete. O me quiero casar y el otro no quiere. No, al revés. La verdad no sé qué despierto, pero les gusto.

-Te casaste muy joven, a los 17…  -Todos pensaban que me casaba embarazada, mi madre fue la primera que pensaba que me casaba por “apuro”. Sí, por apuro de irme de la casa. No era una época como ahora que te podés ir a vivir sola, o con una amiga. Fue una cosa repentina, yo estaba cursando cuarto año y mis padres me iban a llevar dos meses de vacaciones a la costa y yo dije: “No me quiero separar de mi novio”, estaba re enamorada. Y mi padre me dijo: “Acá sola no te vas a quedar, si te quedás, te casás”. Y respondí: “Listo, me caso”. A mi viejo le salió el tiro por la culata, me quiso apretar, y yo tomé el tren. Yo tomo los trenes. No dudo mucho. Así que me casé antes de terminar el secundario.

-Escribiste un libro sobre “diosas” y en un tiempo dijiste que te sentías como Afrodita, la diosa del amor, luego pasaste a ser Deméter, diosa del hogar, ¿en cuál estás ahora? 

-Sigo en esta, la del hogar.

-Pero no abandonaste a Afrodita del todo… -No, no para nada. Y sobre todo me la mantiene viva Fidel, porque Afrodita es el paradigma de la belleza. Y él es una persona que me ha enseñado a ver belleza en lugares donde no la veía. Entonces, en ese sentido, sí. Pero me entusiasma muchísimo estar en mi casa. Estoy en mi casa más feliz que nunca, no tengo un lugar mejor y me gusta encender el fuego. Me gusta, recibir, cocinar, me gusta abrigar, estoy muy familiera, la llegada de los nietos te cambia.

-¿Sos de las abuelas muy permisivas?  -Sí, por supuesto. Siempre lo que más me costó con mis hijas fue poner límites, y me cuesta con la menor que vive conmigo. Siempre me pareció un trabajo muy horroroso, antipático, pesado y con los nietos estás eximida de eso. Así que estoy disfrutando de no poner límites para nada. Hace un tiempo, me encontré con Juan Leyrado, los dos somos abuelos y decíamos: “pero viste qué genial, qué divino, qué placer”, y Juan me dice: “¿viste qué lindo es el momento cuando llegan a tu casa y te los traen, y se quedan con vos?, ¡es un placer! ¿Y cuándo se van? ¡Porque se van, eso es brutal!”. También que se vayan está buenísimo, porque uno ya no tiene tanta capacidad.

-¿Y con la vejez, aunque esté lejos, cómo te llevás? 

-No tanto, está pasando muy rápido el tiempo. Igual es una percepción que le está pasando a todo el mundo, porque hablo con gente muy joven que siente que el tiempo le pasa muy rápido. Muy veloz. Y me llevo, me llevo… Tengo la enorme esperanza de que el paso del tiempo sea portador de sabiduría y algo más que se te caiga todo.

 

Cambios y realidad. “Estoy a full con la espiritualidad”, revela Mercedes. Pero aclara que pasó por muchas etapas. De tener una disposición mística, una niña con mucha fe educada en un hogar con una madre muy católica, “sentía que tenía una conexión con Dios y hablaba con él, en fin…”, a volverse atea, agnóstica y empezar a curiosear por distintas religiones, o tendencias, desde el hinduismo. “Y ahora creo que he llegado a una síntesis donde definitivamente no me siento religiosa pero sí celebro mi cosas místicas, mi fe, el sentir que hay algo más que esto, poder encontrarle un sentido a las cosas más allá de lo que se ve. Cuando era adolescente y quería cambiar al mundo, era al mundo. Ahora he entendido que si yo cambio, ya algo del mundo interesante cambia. Y también he abandonado esa cosa de querer cambiar al otro”.

-¿Eso lo lograste con terapia?

  -Terapia y fracasos. Muchos fracasos, muchas batallas perdidas. Pero sí, es una tendencia que florecía en mi juventud.

-¿Muchas veces dijiste que apoyabas el modelo de este gobierno, cómo vivís la situación actual? 

-Hay algunas cosas que apoyo que me gustan, por eso voy a unos eventos que me gustan y a otros no. Yo creo que, como todos los argentinos, pasamos de la esperanza a sentir que somos un país increíble, a sentir que tenemos tanto por aprender, por corregir. Soy de una generación que sufrió la dictadura militar, la represión, que celebramos la democracia, que la sigo celebrando, que soy consciente que tenemos una democracia muy joven, que tenemos muchas cosas para aprender, que tenemos que aprender a convivir democráticamente, que no sabemos hacer eso. Que no diferenciamos a quién piensa diferente de quién es un enemigo. Mi viejo fue político, de los de antes de provincia, cuando yo nací él cayó preso por política, y me decía, “A mí me llevaron mis adversarios”. Ese término, es mi adversario no mi enemigo. Hay algo de todo esto que me a mí me resuena. Hay cosas de este modelo que tiene que ver con una necesidad, con una bandera de distribución más equitativa con igualdad social, con la que yo me siento identificada.

-¿Este sentimiento es herencia de tus padres?

-Vengo de una familia con un padre con una sensibilidad muy grande, mi madre fue maestra de hospitales, de escuelas rurales. Mis hermanos y yo hemos aprendido que la felicidad individual no existe sino hay una felicidad social, que nuestra tarea en esta vida no termina con nosotros y con nuestra familia, que tenemos que hacer algo por los demás. Y yo tengo eso, y desde ese lugar apoyo cosas de este gobierno como apoyé en su momento a Alfonsín. A donde yo veo que hay un espíritu social, me interesa y quiero que se hagan las cosas bien. Por supuesto, que hay un montón de cosas con las que no estoy de acuerdo, pero yo me siento que tengo libertad en este momento para expresar una cosa y la otra, y siento que sigo abonando un lugar que tengo como persona y como actriz, que es difícil porque no estoy en un lado ni en el otro, estoy en el medio de los fuegos, como actriz también porque hago películas industriales, de arte, teatro comercial y me meto en proyectos independientes.

-Eso no te encasilla  -No, pero te desprotege, porque no tenés un lugar de pertenencia. Pero yo prefiero esa inseguridad porque no pago ningún precio, porque digo lo que pienso. No obedezco a nadie.

-Ahí apareció la mujer “no obediente”, no sé cuál es la diosa de la no obediencia…

  -No sé, debe ser una guerrera, una guerrera ya cansada porque estoy grande.

 

Mujer guapa  “Guapas es un proyecto muy lindo. Es un grupo de mujeres que se reúnen por un hecho que las unió en el pasado, un banco se quedó con sus ahorros. Esta estafa aglutina a personas muy diversas, lo que tiene de diferente a otros programas donde ya ha habido grupos que son todas abogadas, o pacientes de un psiquiatra, o lo que fuera, estás no tienen nada que ver una con la otra. Mi personaje, Mónica Durán, me interesa mucho, porque padece un problema ella y su hija, que lo hace mi hija Mercedes. Ambas padecen problemas con la ira, no saben administrarla, y me parece muy original porque no lo he visto, es un poco trascender a la puteadora, que yo hecho alguna vez y fue tan festejado por la gente, y que no garpa muchos precios, pero el tema de la ira sí, porque al intentar controlar la emoción de la ira, no pueden discriminar, y uno termina controlando todas las emociones y te quedas muy sola, muy desafectada.

Publicada en Revista 7 DÍAS, nro. 388 del 30 de Marzo, 2014.

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Esta entrada fue publicada en 19 mayo, 2014 por en Personajes y etiquetada con , , , , , , , , .
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