Donde el agua brilla

Dos portales de entrada de la Ruta Escénica del Iberá ofrecen distintas formas de vivir los esteros correntinos, donde conviven, entre animales y plantas, más de cuatro mil especies. El ecoturismo y la conservación de la naturaleza.

Por Susana Parejas (Desde Corrientes) – Foto: Marcelo Cugliari

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El estero es agua. Mucha. Es la segunda reserva de agua dulce más grande del mundo. Pero, también es pasto, alto o corto, pajas rojas o grisáceas, montecitos, bosques, y plantas que flotan al ritmo de la corriente. Dentro de esta “agua que brilla”, tal lo que significa Iberá en guaraní, rodeada de todos los tonos verdes que se puedan imaginar, está la fauna que transcurre su vida protegida de la depredación del hombre. Están a salvo. Hay que caminar muy despacio para que no se den cuenta de que se los está admirando, hay que quedarse quieto para que las aves sigan picoteando el agua en busca de comida, o mirar de lejos, o no tanto, a los yacarés que toman la siesta al sol con la boca abierta. Nadie puede decir que visitó los esteros y no vio fauna, es imposible. No hay que tener suerte para verla, en los esteros viven más de 500 especies de animales, sólo en aves hay unas 350, y más de 4.000 especies de flora.

En este viaje, los esteros se descubren desde el norte, desde Ituzaingó, 237 km desde Corrientes, localidad buscada por los turistas, tanto por sus 18 kilómetros de playas de arena que se recuestan sobre un río Paraná de aguas transparentes, como por la pesca. Y, desde hace muy poco, “caminar” –literalmente es así, ya que no hay botes ni canoas para usar– esta parte del gran humedal se sumó a sus puntos fuertes. Este transitar el estero en parte a pie, pero también en safarís vehiculares, se realiza a través del Portal Norte Cambyretá, que está dentro del proyecto Ruta Escénica Iberá, que en total abarca 1.340 km y que busca abrir nuevas entradas a los esteros, además de la ya instalada, desde hace 20 años, Carlos Pellegrini.

Este circuito, que puede iniciarse en cualquiera de sus extremos, aporta una visión integral de la provincia de Corrientes. No sólo por el íntimo contacto con la naturaleza, también con las tradiciones. Los gauchos con sus sombreros negros de ala ancha y sus polainas de tela, o simplemente cabalgando “a pata”, las casas con sus prolijas “empalizadas” de caña, el chipá o chipá cuerito (torta frita), el mabaipy (polenta con harina de maíz). Cada localidad aporta su color, pero a su vez la ruta mantiene una unidad a través de los portales de acceso, infraestructura y a la cartelería en piedra mercedeña. “La idea de este proyecto es crear una imagen de marca común, la marca ‘Iberá’. Se resalta el paisaje, la fauna, las tradiciones, pero también la arquitectura integrada, y sobre todo la conciencia de la necesidad de protección y conservación de esta reserva natural”, resume Marisi López, coordinadora de Ruta Escénica del Iberá CLT (The Conservation Land Trust).

Caminando el estero. Sobre la ruta nacional 12, a unos 15 km de Ituzaingó, se encuentra el acceso al Portal Camby-retá. En guaraní “camby” significa: leche, y “retá”: área o lugar. Ésta era una zona de tambos, donde se producía leche. Son las cuatro de la tarde el sol no pega tan fuerte. Es el momento de recorrer el camino de tierra, unos 29 kilómetros, que se mete dentro de campos privados, cuyos dueños accedieron a que empresas dedicadas al turismo, traspasen sus tranqueras, unas seis para arribar a una zona de senderos y sitios para descansar. Pero sobre todo para entrenar la mirada, que todavía tiene mucho por aprender. Una recomendación, la señal de celular muere, casi todo el tiempo (por suerte), tampoco hay proveeduría, ni venta de combustible. En los próximos meses funcionará un camping, que permitirá a los visitantes pernoctar en este lugar donde la naturaleza se mantiene virgen. Alejandra Boloqui y Cepi Oporto, de Turismo Diversidad, son los encargados de guiar la caminata que tiene mucho interés fotográfico, pero más de asombro. “Allí hay un ciervo de los pantanos, es un macho”, señala Alejandra sin prismáticos en la mano. “Allí”, no es tan allí, es a lo lejos, entre los pastos altos; no se ve nada, pero de pronto con la ayuda de los prismáticos, sí, un hermoso ejemplar de ciervo de los pantanos asoma entre pastos color amarillo. Para el ojo citadino, cuesta acostumbrarse un poco a reconocer tal o cual animal, o tal vez a vislumbrar al tan buscado yacaré que se mimetiza entre las raíces marrones oscuras, casi negras, de las plantas. Los carpinchos abundan, están por todos lados. Tal vez por ser mayoría se creen los dueños del camino. Y están allí sentados, sin miras de moverse ante el paso del hombre. Por suerte, la caza furtiva no existe en estas áreas protegidas. La fauna es tan rica que además de las especies más buscadas para las fotos, se pueden ver lobitos de ríos, zorros, armadillos, gatos monteses, garzas, cigüeñas, teros reales, gaviotines, la “amenazada” con riesgo de extinción: cachirla dorada, o el atajacaminos, entre cientos de pájaros.

De Cambyretá a San Nicolás. Otro día de sol pleno, el destino, esta vez, es San Miguel, el pueblo que hay que atravesar para llegar al Portal San Nicolás. Después de unos 50 kilómetros por la ruta 12, se toma la 118, por ésta son unos 71 km. Las ondulaciones que tiene y las lagunas que asoman por los costados son la escenografía perfecta para llegar a destino. En el pueblo de San Miguel viven 7.000 personas, hay una estación de servicio, un cajero automático, y dos hospedajes. Los autos, pocos, se cruzan con los gauchos que andan a caballo.

Desde el pueblo hay que hacer 27 kilómetros para llegar al Portal San Nicolás. Cuando se entra en las tierras de la reserva, es como que la vida silvestre comienza a aparecer. Carpinchos, garzas, teros, y la paja colorada que da el contraste perfecto a tanto verde. En San Nicolás funciona un camping, donde hay quinchos con parrillas y servicios. Además, hay muchos senderos para recorrer a pie internándose en el estero. Allí el guardaparque de CLT, Pascual Pérez, trabaja desde hace dos años aquí. “Iberá hay para todos, lo bueno es que se puede descomprimir a Carlos Pellegrini que está colapsado, y además todas las otras localidades son muy ricas en la parte cultural”, sostiene.

En San Nicolás, también trabaja el guardaparque baquiano provincial. Alejandro Moreira tiene 25 años, es correntino, oriundo de Concepción y acaba de llegar a cumplir su función en este lugar. Cómo muchos otros guardaparques fue cazador en otros tiempos, “pero para subsistir, ya que mi familia no tenía recursos”, aclara. Hoy trabaja cuidando la naturaleza y destaca los valores de los esteros. A 7 kilómetros de donde están las casitas color terracota de San Nicolás, por un camino rodeado de bañados y cañadones, se llega al arroyo Carambola, que desemboca en la laguna Paraná. Las lluvias de estos últimos meses, en total cayeron 950 mm, cuando el anual es 1.200 mm, lo poblaron de tantísima agua. Olegario Segovia espera al lado de la canoa para ejercer el oficio que aprendió a los 7 años, el de “canoero a botador”, tal como se llama el largo palo de tacuara, fina, derecha, que remata en una tabla en horqueta que asemeja a un pie de ciervo. El botador es necesario en los esteros, hay partes donde el motor de una lancha se enredaría entre las plantas acuáticas, que por momentos forman una alfombra sobre el agua. Muy cerca de los botes, varios carpinchos siguen su pachorrienta vida sin importarles la presencia humana. El paseo se convierte en un verdadero fluir sobre el agua tan transparente, que hoy se tiñó de azul, a los costados flotan camalotes con sus flores violetas. Dos chajá gritan, dando cuenta de su nombre. Y de pronto, se ve el yacaré escondido entre las plantas. Es increíble, pero los ojos aprendieron a descubrir. Y éste parece estar posando para la postal.

Hay que dar la vuelta, unos mates amenizan la tarde, pero no quitan las ganas de quedarse, y la última sorpresa que da el Iberá: un ciervo de los pantanos a metros de la ventanilla, come unas hojas. Ni hay que bajarse de la camioneta para sacar la última foto, que es como un regalo de la naturaleza, aquí en el corazón de los esteros.

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